Estaba sentada a
la orilla del río congelado en el bosque,
El invierno
llegaba a su fin y este ser también.
………………………….
El río
comenzaba a descongelarse y se podía ver el agua correr entre las piedrecillas.
Mi ser estaba
agotado, sin fuerzas, al igual que el enorme lobo gris a mi lado, él representa
mi alma. Mi corazón latía muy rápido y a
la vez muy lento, mis ojos estaban llenos de lágrimas, mis ojeras ya se hacían
notar cada vez más y se veían más obscuras,
Temblaba,
pero no tenia frío.
Fue cuando
lo escuche; el suave galope de un caballo que cada vez se escuchaba mas cerca,
el cual, hacia que sintiera un poco de miedo.
Sería la
muerte que venia por mi y por mi compañero después de de una larga batalla sin
Haber ganado la guerra aun?
Comenzaba a
nevar, pequeños copos de nieve cubrían mi castaña cabellera.
El galope
cesó y solo se escuchaba el suave trotar.
Él asomó su
cabeza, dejando ver su hermoso pelo blanco con destellos grises, corto y lacio
y unos bellísimos ojos azul claro.
-hola?- preguntó.
Yo solo
suspire y sonroje un poco, pero giré la cabeza por vergüenza a mi pálida piel.
No traía
zapatos.
Escuchaba
como pisaba la nieve. El lobo a mi lado me cuido del frío que causo la nevada.
Lo miré
nuevamente, estaba parado justo a mi lado, vestía un tanto extraño, su pelo se
veía ahora castaño claro, el llevaba una capa, café, unos pantalones del mismo
color, una camisa blanca, y en su mano, llevaba un bastón, casi de su tamaño,
con unos cuantos listones azul cielo.
Al igual
que él, su caballo llegó de la nada, blanco, al igual que la nieve.
Mirándome
con atención, su sonrisa se borró de su rostro y con tristeza suspiró.
-te sientes muy cansada, eh?-
Asentí y
por alguna razón el me abrazo, haciéndome sentir una enorme calidez en mi
cuerpo, mi corazón dejó de latir por un instante, pero siguió, aun mas
acelerado, pero al igual que dejaba de latir en ocasiones.
-siento, que en cualquier momento
dejaré de respirar y al dormir jamás despertare- me encogía un poco por el frío.
El tocó mi
pecho y con un tenue y cálido beso, se acercó a mi oído.
-tu lobo esta muy cansado de andar,
de trotar, has pasado por mucho en tan poco tiempo, que ya sabes como
reaccionar, sin embargo, no sabes como seguir con la misma fuerza de antes,
tienes que descansar-.
En ese
momento, el tiempo se detuvo, no sabia como y la nieve que por doquier estaba
se derretía, al otro lado del río había una hermosa luz que comenzaba a inundar
el bosque, de paz, y de mucha calma.
Un puente
de madera se levantaba frente a mi, mientras flores en de lavanda crecían a mi
alrededor.
Era un
sueño o era realidad?
Y si no lo
era; estaría lista para cruzar? Supongo que ya era el tiempo de irme.
Fue ese
mismo instante cuándo escuché a mi madre llamarme por mi nombre, no por como me
dicen algunos, se escuchaba algo preocupada y triste.
El eco de
su voz llegaba a cualquier rincón.
De pronto,
el chico a mi lado me sacudió bruscamente.
-No cruces aún- me dijo –tienes
mucho por delante y aunque sientas que ya no puedes mas, sigue, sé un ejemplo
para los demás, has que el débil se sienta fuerte, que el cobarde se sienta
valiente, trata de que el sordo escuche y que el mudo hable, da abrazos sin
razón y regala siempre una sonrisa, lleva luz al sitio mas oscuro, lleva fe a
quien la ah perdido, por que tu ahora en el mundo aún no acaba, el libro de tu
vida aún no se escribe, has que tu esperanza sea la tinta y tu fe el pincel,
utiliza todo lugar en donde estés como un lienzo en blanco y no llores ya,
curaré tu corazón, estaré siempre contigo-
sonrió
Me abrazó y
me dio un gran corazón e ilumino mi
camino con su presencia; ahora ya no me siento sola, y me siento ligera, que el
mas leve soplo de viento me arrebataría de la tierra.
Seguí mi
camino; montando a mi gran lobo y a mi lado estaba él; que brillaba con su
única y hermosa sonrisa, no me sentía ya mal, mi equipaje era ligero.
Al llegar
al campamento tuve miedo de tener que decir que quería dormir en la misma
cabaña con un desconocido, pero, al parecer, nadie lo veía, mas que yo.
Estuvo
conmigo siempre y estará asta el final de mis días en este mundo;
Por lo
menos en el terrenal.
…………………………………………………
Desperté.
Ya no
estaba en el campamento, ni el bosque; estaba en casa.
En mi cama,
ardía en fiebre, pero él estaba ahí, junto a mi, dándome el frío que necesitaba
en esos momentos;
Y me hizo
entender que estaba y seguía aquí ,después de tanto
Una misión
o simple destino.
El miedo se
fue.
Al igual
que el cansancio.
Cada
determinado tiempo lo veo, y me muestra sus bellas alas en sueños.
Y aunque no
lo vea en ocasiones al estar despierta siento que esta conmigo, cuidándome
del todo y dejándome del nada.
Así que
nunca duermas para siempre, tu ángel te cuida, jamás te abandona, siendo él, siendo… otra persona.
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