sábado, 17 de enero de 2015

Fuyu.. (Invierno)

Estaba sentada a la orilla del río congelado en el bosque,
El invierno llegaba a su fin y este ser también.
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El río comenzaba a descongelarse y se podía ver el agua correr entre las piedrecillas.
Mi ser estaba agotado, sin fuerzas, al igual que el enorme lobo gris a mi lado, él representa mi alma. Mi corazón latía  muy rápido y a la vez muy lento, mis ojos estaban llenos de lágrimas, mis ojeras ya se hacían notar cada vez más y se veían más obscuras,
Temblaba, pero no tenia frío.
Fue cuando lo escuche; el suave galope de un caballo que cada vez se escuchaba mas cerca, el cual, hacia que sintiera un poco de miedo.
Sería la muerte que venia por mi y por mi compañero después de de una larga batalla sin Haber ganado la guerra aun?
Comenzaba a nevar, pequeños copos de nieve cubrían mi castaña cabellera.
El galope cesó y solo se escuchaba el suave trotar.
Él asomó su cabeza, dejando ver su hermoso pelo blanco con destellos grises, corto y lacio y  unos bellísimos ojos azul claro.
            -hola?- preguntó.
Yo solo suspire y sonroje un poco, pero giré la cabeza por vergüenza a mi pálida piel.
No traía zapatos.
Escuchaba como pisaba la nieve. El lobo a mi lado me cuido del frío que causo la nevada.
Lo miré nuevamente, estaba parado justo a mi lado, vestía un tanto extraño, su pelo se veía ahora castaño claro, el llevaba una capa, café, unos pantalones del mismo color, una camisa blanca, y en su mano, llevaba un bastón, casi de su tamaño, con unos cuantos listones azul cielo.
Al igual que él, su caballo llegó de la nada, blanco, al igual que la nieve.
Mirándome con atención, su sonrisa se borró de su rostro y con tristeza suspiró.
            -te sientes muy cansada, eh?-
Asentí y por alguna razón el me abrazo, haciéndome sentir una enorme calidez en mi cuerpo, mi corazón dejó de latir por un instante, pero siguió, aun mas acelerado, pero al igual que dejaba de latir en ocasiones.
            -siento, que en cualquier momento dejaré de respirar y al dormir jamás despertare- me encogía un poco  por el frío.
El tocó mi pecho y con un tenue y cálido beso, se acercó a mi oído.
            -tu lobo esta muy cansado de andar, de trotar, has pasado por mucho en tan poco tiempo, que ya sabes como reaccionar, sin embargo, no sabes como seguir con la misma fuerza de antes, tienes que descansar-.
En ese momento, el tiempo se detuvo, no sabia como y la nieve que por doquier estaba se derretía, al otro lado del río había una hermosa luz que comenzaba a inundar el bosque, de paz, y de mucha calma.
Un puente de madera se levantaba frente a mi, mientras flores en de lavanda crecían a mi alrededor.
Era un sueño o era realidad?
Y si no lo era; estaría lista para cruzar? Supongo que ya era el tiempo de irme.
Fue ese mismo instante cuándo escuché a mi madre llamarme por mi nombre, no por como me dicen algunos, se escuchaba algo preocupada y triste.
El eco de su voz llegaba a cualquier rincón.
De pronto, el chico a mi lado me sacudió bruscamente.
            -No cruces aún- me dijo –tienes mucho por delante y aunque sientas que ya no puedes mas, sigue, sé un ejemplo para los demás, has que el débil se sienta fuerte, que el cobarde se sienta valiente, trata de que el sordo escuche y que el mudo hable, da abrazos sin razón y regala siempre una sonrisa, lleva luz al sitio mas oscuro, lleva fe a quien la ah perdido, por que tu ahora en el mundo aún no acaba, el libro de tu vida aún no se escribe, has que tu esperanza sea la tinta y tu fe el pincel, utiliza todo lugar en donde estés como un lienzo en blanco y no llores ya, curaré tu corazón, estaré siempre contigo-  sonrió
Me abrazó y me dio  un gran corazón e ilumino mi camino con su presencia; ahora ya no me siento sola, y me siento ligera, que el mas leve soplo de viento me arrebataría de la tierra.
Seguí mi camino; montando a mi gran lobo y a mi lado estaba él; que brillaba con su única y hermosa sonrisa, no me sentía ya mal, mi equipaje era ligero.
Al llegar al campamento tuve miedo de tener que decir que quería dormir en la misma cabaña con un desconocido, pero, al parecer, nadie lo veía, mas que yo.
Estuvo conmigo siempre y estará asta el final de mis días en este mundo;
Por lo menos en el terrenal.
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Desperté.
Ya no estaba en el campamento, ni el bosque; estaba en casa.
En mi cama, ardía en fiebre, pero él estaba ahí, junto a mi, dándome el frío que necesitaba en esos momentos;
Y me hizo entender que estaba y seguía aquí ,después de tanto
Una misión o simple destino.
El miedo se fue.
Al igual que el cansancio.
Cada determinado tiempo lo veo, y me muestra sus bellas alas en sueños.
Y aunque no lo vea en ocasiones al estar despierta siento que esta conmigo, cuidándome del  todo y dejándome del nada.

Así que nunca duermas para siempre, tu ángel te cuida, jamás te abandona, siendo  él, siendo… otra persona. 

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